Afuera de la iglesia, José sostiene una imagen de San Cayetano entre las manos. Está solo. Mira hacia el templo y por momentos parece abstraído del movimiento de fieles que entran, salen, forman filas y esperan su turno para acercarse al santo. Llegó caminando desde Tafí Viejo. No es la primera vez que hace ese recorrido. Tampoco la segunda. Hace 21 años que repite la misma promesa.
“Gracias a Dios cumplí los 21. Me agarró la lluvia, el frío, el calor, pero siempre llegué”, cuenta. Tiene 45 años y cada 7 de agosto recorre 23 kilómetros para llegar hasta la iglesia de avenida Brígido Terán 980.
La promesa nació por algo que todavía conserva: su trabajo. “Reparo los trenes hace 21 años. Eso fue lo que pedí cuando hice la promesa”, explica. Durante dos décadas no caminó solo. Su mamá lo acompañaba cada año. Esta vez, por primera vez, emprendió el trayecto sin ella porque ya se le hace difícil. Cuando le preguntan si alguna vez pensó en abandonar, la respuesta sale rápida. “Jamás. La fe da fuerza. A veces siento cansancio, pero algo me empuja y llego”, dice.
Dentro del templo, la escena cambia, pero los pedidos se parecen. Terminada una de las misas, los fieles avanzan para tomar gracia, recibir el pan bendecido y detenerse unos segundos ante la imagen.
Eva baja unos escalones después de acercarse al santo. Se arrodilla. Levanta la mirada y la fija en San Cayetano. Entonces aparecen las lágrimas.
“Me trae la fe, la fe que tenemos todos, y también vengo a pedir por mi familia”, cuenta. La emoción se intensifica cuando habla de su hijo. “Estoy muy emocionada, especialmente por mi hijo, que no tiene trabajo. También pido por todo el mundo, por los niños, por los ancianos, y para que la gente sea más buena y más respetuosa”, dice.
Cuando intenta explicar lo que siente, no busca demasiadas palabras. “Es la emoción, el sentimiento y el amor hacia el santo lo que me conmueve”, resume.
Trabajo y pan
A pocos metros, Lorena espera en la fila. Tiene 47 y viene todos los años. Esta vez, sin embargo, su pedido tiene una urgencia particular. Está desempleada desde marzo. “Siempre agradezco y pido. Ahora estoy pidiendo más que nada trabajo, porque no tengo”, expresa. Su último empleo fue en atención al público. Pasaron varios meses y todavía no consiguió otro.
Vive con su mamá y esa situación también alimenta sus preocupaciones. “Gracias a Dios todavía está conmigo y nos ayudamos. Pero pienso: el día que ella no esté, ¿qué hago yo?”, confiesa.
Lorena había abandonado el secundario, pero volvió y lo terminó en 2017. Pensó que ese esfuerzo podría abrirle nuevas oportunidades: “Pensaba que eso me iba a ayudar a mejorar mi economía, pero está complicado. Es la realidad”, señala y se lamenta.
También pide por su hijo, que quiere ingresar a la Policía. A pesar de los meses sin empleo, asegura que no pierde la fe. “Todos los domingos estoy acá y creo que San Cayetano es el que me da esa fortaleza, ese ánimo”, afirma.
Ese escenario se repite en muchas de las intenciones que recibe la comunidad religiosa. El hermano Héctor, religioso de los Padres Azules, llegó desde Guinea Ecuatorial hace cuatro meses. La congregación tiene a su cargo la capilla, el colegio y el Hogar San José. “El lema de este año es: ‘Como San Cayetano compartamos el pan y abracemos a todos’”, explica y agrega: “Nuestra misión es compartir el pan, compartir el tiempo con la gente, conocer a la gente y abrazar a todo el mundo, en un espíritu de fraternidad y caridad”.
Durante la novena rezaron por trabajadores de la construcción, la industria y la salud. También lo hicieron por quienes no tienen empleo. El hermano Héctor advierte que detrás de esas intenciones existe una realidad cada vez más visible: “Vemos que cada vez aumenta más la necesidad de comida y de empleo”, señala. A través de Sueño Azul reciben a personas que se acercan en busca de alimentos. “Últimamente aumentó la cantidad de personas con hambre que vienen a pedir. Eso nos llama la atención y nos obliga a cambiar la dinámica y empezar a buscar mecanismos para ayudar a esa gente”, sostiene.
La parroquia abrió sus puertas desde las 6 y permaneció abierta hasta las 23. Hubo misas a las 7, 9 y 11. A las 16 se celebró la misa central y luego comenzó la procesión con la imagen de San Cayetano por el barrio. El recorrido avanzó por avenida Pedro Miguel Aráoz, Alfredo Guzmán, Rawson y Díaz Vélez, antes de regresar al templo.